Desde la
construcción de la ermita en el siglo XIV los vecinos de Fórnoles acuden en
romería, cada año, el lunes de Pascua Florida, a la Ermita de Nuestra Señora de
Montserrate. Allí se celebra una misa, dentro de la Iglesia en la nave
primitiva del Santuario. Para comer, se reúnen por familias o en cuadrilla, en
torno a las barbacoas para asar las chuletas del cordero pascual. Antiguamente
sólo comían en frío la tradicional rosca (la
mona de pascua). Un roscón elaborado con pasta dulce de coscarana, relleno de salado, huevos duros y longaniza.
Desde el año
1521, fecha del encuentro de 10 procesiones, se celebraba el 4 de mayo, día de
Santa Mónica, la gran romería de toda la contornada. Desde Fórnoles acudían en
procesión de Rogativa (para pedir
lluvia). Los fieles de todos los pueblos se concentraban en el claustro del
Santuario donde se celebraba una misa solemne por varios oficiantes en el altar
mayor, bajo la cúpula. La gran portalada abierta de para en par, permitía a los
fieles seguir la ceremonia desde el claustro, al aire libre de mayo. Solía
venir un predicador prestigioso, que desde el púlpito bajo los arcos, atronaba
a la concurrencia exaltando los milagros de la Virgen de Fórnoles. Actualmente
se celebra, con menos solemnidad, el segundo domingo de mayo de cada año.
Las familias
comían al aire libre en plena naturaleza. Las autoridades y el clero comían en
la casa de los medieros, en cuyo patio se situaban dos o tres portadoras llenas de vino de las viñas
de la ermita. Era la versión tradicional de la barra libre. Con el calor ambiental, se cantaban jotas y canciones
de moda y, en ocasiones, las rivalidades entre mozos de distintos pueblos
terminaban en trifulcas aunque, afortunadamente, nunca llegó la sangre al río.
En general, la fiesta de Santa Mónica tenía
un alegre aire festivo y de encuentro amistoso entre los vecinos de toda
la contornada. Y algo queda de ese espíritu en la celebración actual.
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